martes, 19 de julio de 2011

Don Adolfo (1915-2011). Un episodio en revista


Teresa del Conde

Igual que distinguidos colegas, algunos de ellos por desgracia ya desaparecidos, fui alumna del doctor Adolfo Sánchez Vázquez en la Facultad de Filosofía y Letras. No sólo eso, asesoró mi tesis doctoral que con su permiso titulé Las ideas estéticas de Freud, glosando el de una de sus más divulgadas contribuciones sobre Marx. Con su proverbial generosidad, accedió a asesorarla y acometió relecturas de Sigmund en traducciones de Luis Ballesteros y de Torre.

No es a eso a lo que quiero referirme en esta nota . Gracias a un regalo que me hizo mi primo-hermano: Antonio del Conde (alias El Cuate, participante en la Revolución Cubana) cuento con varios ejemplares de Romance. Revista popular hispanoamericana, que circuló en países de nuestro continente. Al primer golpe de ojo superficial, me percaté que la dirigía Juan Rejano y que Pedro Garfias era colaborador, al igual que don Joaquín Xirau y Juan de la Encina.

Me empeñé en buscar colaboraciones del maestro y encontré varias a partir del 15 de marzo de 1940 en el número cuatro de lo que fue una publicación quincenal, hermosamente ilustrada. Ese artículo es el más explícito en cuanto al destierro de los que allí publicó y se titula La decadencia del héroe, Un héroe recorre los campos calcinados de mi Patria…el héroe anónimo…Le he visto nacer cada mañana en su combate con la fatalidad, o morir.

Para alejar de sí la pesadilla de guerra que los envolvía en la vida real, se sumergió en la lectura de Celine, Giono, Kafka, Sartre, Queneau. Anota que su deseo sería que vinieran esos hombres que vio combatir a enterrar con brazos vigorosos la floración sombría, esta declaración de odio a la alegría y a la felicidad del hombre. Al referirse a Celine, en Bagatelas para una masacre, comenta que el autor se hunde en las más abyectas tinieblas en tanto que para Queneau la vida no es más que un rudo invierno.

Para el primero de abril del mismo año, ha pasado a colaborar en la sección los libros por dentro, integrada por tres o cuatro autores. Su primer artículo: La poesía encadenada, versa sobre el joven poeta Juvenal Ortiz, quien le hizo llegar su libro Flor cerrada. Encuentra en ese volumen, publicado en Montevideo, una excesiva preocupación por la imagen, cosa que debilita la fuerza y el vigor del poema, aprisionando sus raíces más puras. El autor uruguayo es un poco gongorino y el mejor de los poemas es, según su criterio, Tu sangre.

En otro artículo comenta La rama viva y el amor eterno, de Francisco Giner. El poeta va orquestando un canto inquietante y brumoso… desesperado, pero no desesperanzado. Esos versos fueron escritos en su mayor parte con anterioridad a la honda tragedia humana vivida recientemente en España; sin embargo, carece de sangre poética, por lo que se espera un nuevo libro del mismo autor, ya que todo lo vivido resbala sin dejar una mano profunda. A Sánchez Vázquez, entonces de 25 años, lo vivido no se le resbaló.

El 15 de mayo de 1940 denuncia: A la luz del falangismo, la picaresca también pertenece a la Anti-España. En torno a la picaresca trata primordialmente de El Lazarillo de Tormes. Termina con estas palabras: nos sentimos más que nunca atados a la sangre y a la palabra de nuestra tierra.

Acude a los temas de México, la nota previa la dedica a Pancho Villa, el héroe y el hombre, y es resultado de su lectura de la tercera parte de las Memorias de Pancho Villa, de Martín Luis Guzmán, en la edición de Botas, que acababa de aparecer. Alaba la veracidad y la calidad del escritor, quien por cierto es asimismo colaborador de la Revisa popular hispanoamericana.

Continúa involucrado con la poesía, En Ángeles y vírgenes en la poesía comenta Ciclo de vírgenes, de Manuel Ponce, (editorial Abside). Ponce ofrece ecos de Rafael Alberti y proporciona ejemplos pareados de uno y otro, pero advierte que se trata de resonancias albertianas, recuerdos y coincidencias, ya que líbreme nadie de hablar precipitadamente de influencias.

Aborda una antología del cuento hispanoamericano en su nota Perfil del cuento en América, de Antonio R. Manzor. Exalta las visiones de la naturaleza, sobre todo las ingobernables y desbordadas y aquí yo le encuentro una tesitura romántica.

Algunas veces conviví socialmente con don Adolfo y con Aurora, su mujer, incluso en una ocasión tomamos secos en un madrileño bar de tapas, eso ocurrió, ¡claro!, mucho después de terminado el franquismo. Sin embargo, él no regresó con su familia a vivir en España, su intensa vida familar fue mexicana. Durante la celebración de sus 90 años, aún resuena el sonido de su voz con acento andaluz emitiendo un goya con el que terminó sus agradecimientos a quienes participamos en el aula magna, repleta de estudiantes, familiares y amigos.

Tomado de: La Jornada, 19 de julio de 2011. Sección: Cultura.

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